El veredicto es claro: una amplia mayoría rechaza que una obra generada por IA pueda ganar un premio artístico, sin ninguna diferencia respecto al resultado mundial.
La fractura más marcada es de género: las mujeres se oponen de forma casi unánime, mientras que los hombres están más divididos, con una minoría favorable. El grupo de 65 años o más es el único que se reparte a partes iguales.
El argumento central: un premio recompensa el trabajo, la expresión y las emociones del artista, algo que la IA no produce. Premiar a la IA perjudicaría a los creadores reales.
Una voz plantea un punto de tensión: si los humanos no logran distinguir una obra de IA de una humana, ¿con qué criterio se le niega un galardón? Este registro empírico llamó la atención sin mover a la mayoría.