El veredicto global es una división clara: casi la mitad de los votantes rechaza el uniforme escolar, cuatro de cada diez están a favor y una minoría permanece indecisa.
La fractura de género es llamativa: los hombres se inclinan claramente a favor, las mujeres en contra, con una proporción notable de indecisión femenina. La edad refuerza el patrón: los mayores de 55 y 65 años están firmemente a favor, mientras que el tramo de 25 a 54 años se inclina en contra o duda.
Los argumentos a favor se centran en reducir las desigualdades visibles y simplificar la vida familiar, siempre que el coste sea asequible. Los que se oponen defienden la ropa como espacio de expresión personal, especialmente en la adolescencia. Un punto de tensión compartido: el uniforme desplazaría las discriminaciones sin eliminarlas, y su financiación a escala nacional plantea interrogantes serios.