Una mayoría clara considera que las plataformas son culpables por el diseño adictivo, sin diferencia con el resultado mundial.
La fractura más marcada es generacional: los de 18-24 años se inclinan hacia el no, mientras que la mayoría de los otros grupos votan sí de forma unánime, salvo los de 55-64, que se oponen totalmente.
Las mujeres están divididas a partes iguales entre sí y no, mientras que los hombres votan sí sin excepción.
El debate converge en una acusación central: el diseño adictivo se percibe como intencional. Los mecanismos de retención similares al juego de azar y el uso de la psicología conductual son los argumentos principales del campo del sí.
Una voz matizada cuestiona la culpabilidad exclusiva: las plataformas ofrecen herramientas de regulación impuestas por la ley, lo que complica la imputabilidad total. La responsabilidad compartida con el usuario queda planteada, sin resolverse.