El veredicto es claro: una amplia mayoría considera que una elección sin opositores en libertad no es válida.
La fractura más marcada es la de género: los hombres rechazan casi unánimemente esta noción, las mujeres también pero con menor contundencia.
Por edad, los grupos de 25 a 54 años son unánimes en el rechazo, mientras que los mayores de 65 se dividen por igual, siendo el único grupo sin una posición definida.
El debate convoca dos registros: la denuncia de la dictadura disfrazada de democracia, y el argumento de legitimidad, resumido así: sin elección real, el ganador no puede ser reconocido.