El veredicto es unánime en todos los géneros y franjas de edad, sin ninguna voz disidente registrada.
El escepticismo aflora pese a este consenso: una intervención anticipa desde el principio que no habrá consecuencias concretas.
Los argumentos son escuetos: llamado a señalar a los responsables de violaciones graves, junto a una resignación ante la inacción esperada.