A escala mundial, el veredicto es claro : el 71 % se opone a eliminar la propina, frente al 21 % a favor.
Los hombres rechazan con más firmeza la propina obligatoria que las mujeres, quienes muestran mayor indecisión. Los grupos de 25-34 y 55-64 años son los más tajantes en su rechazo, mientras que los de 45-54 y 65+ aparecen más divididos.
Las voces coinciden en un punto : la propina no debería compensar un salario insuficiente. La responsabilidad recae en el empleador, y la propina debe seguir siendo un gesto voluntario del cliente, no una obligación encubierta.
Una voz matizada señala que depender de la generosidad aleatoria de los clientes no es una base sólida para remunerar a trabajadores precarios : esa es la tensión central del debate, entre la libertad del gesto y la fragilidad del sistema.