El rechazo es masivo y sin matices : cerca de ocho de cada diez votantes se niegan a la cirugía robótica sin mando humano, sin ninguna indecisión.
La fractura generacional es llamativa : los de 25 a 34 años votan sí por unanimidad, mientras los mayores de 45 rechazan la idea en bloque. Los de 18 a 24 se muestran más abiertos que los grupos de mayor edad, aunque siguen siendo mayoría en contra.
El género no genera ninguna división : hombres y mujeres comparten exactamente las mismas proporciones de rechazo.
Los argumentos giran en torno a un miedo común : un fallo técnico en plena operación. Incluso el único voto a favor desliza la preocupación por un posible bloqueo de la máquina. Alguien propone como salida instintiva la presencia de un cirujano como observador, sin tener el control directo.