El veredicto está en empate exacto entre el sí y el no, con una pequeña franja de indecisos.
La fractura de género es la más marcada del debate: los hombres rechazan mayoritariamente que algo siga siendo un spoiler pasado un año, mientras las mujeres lo afirman en su mayoría. La diferencia entre ambos supera los treinta y cinco puntos.
Las franjas de edad están igual de divididas, sin una línea clara: algunas generaciones dicen sí sin reservas, otras dicen no sin dudar, y otras permanecen repartidas.
Las voces coinciden en un punto: definición y responsabilidad son cosas distintas. Un spoiler puede seguir siéndolo en teoría, pero la obligación de advertir se diluye con el tiempo. Lo que el debate dirime no es la naturaleza del spoiler, sino el deber moral que lo acompaña.