El veredicto es contundente: una amplia mayoría se pronuncia a favor de la prohibición, sin ningún voto en contra.
Solo el grupo de 55-64 años se desmarca, con todos sus miembros indecisos, mientras que las mujeres y varias franjas de edad votan sí de forma unánime.
En los intercambios aparece un matiz: prohibir el agua de acuíferos o ríos, sí, pero un campo abastecido por recolección de lluvia replantea la cuestión. La fuente del agua, más que el riego en sí, es lo que estructura el debate.