El no se impone con 53 % frente a 40 % de sí, exactamente igual que la media mundial: el veredicto es claro, aunque no aplastante.
La fractura generacional es llamativa: los votantes de 45 a 54 años dicen sí de forma unánime, mientras los de 55 a 64 y los de 65 o más dicen no de forma igualmente unánime, y los de 18 a 34 se dividen casi en partes iguales.
Los hombres rechazan la gratuidad con mucha más contundencia que las mujeres, que también votan mayoritariamente no pero con mayor indecisión.
El registro dominante es económico y práctico: costes de funcionamiento, mantenimiento, riesgo de subida de impuestos. Casi todas las voces del no proponen gratuidad selectiva en lugar de una gratuidad total.
Las voces del sí no niegan el coste, sino que reencuadran la pregunta: los museos forman parte de una historia común, y cobrar por acceder a un patrimonio a veces obtenido por expolio les parece a varios una contradicción.