El veredicto es claro: la supresión de la repetición de curso es rechazada de forma unánime, sin distinción de género ni de edad.
Las voces adoptan un registro práctico y pedagógico: repetir curso da tiempo para colmar lagunas reales antes de avanzar.
El argumento más matizado y mejor recibido no defiende la repetición sistemática, sino su uso selectivo, reservado a quienes carecen verdaderamente de las bases necesarias.