El veredicto es claro: una amplia mayoría rechaza el sorteo como alternativa a la elección, sin ninguna diferencia con el resultado mundial.
Las mujeres se muestran significativamente más contrarias que los hombres, quienes permanecen más divididos. El grupo de 45-54 años es la excepción, repartido entre el sí y la indecisión.
El grupo de 18-24 años es el único con un voto favorable minoritario; los de 25-34 y los mayores de 65 rechazan la idea de forma unánime.
Los argumentos coinciden: el azar no garantiza competencia, y la importancia de las decisiones colectivas exige un proceso deliberado, no aleatorio.