El rechazo es claro: casi dos tercios se oponen a la idea de un permiso para ser padre o madre.
La brecha de género es llamativa: los hombres se dividen por igual, mientras que las mujeres rechazan la idea de forma amplia.
El grupo de 45 a 54 años la apoya unánimemente, mientras que los de 25 a 34 y los de 65 o más la rechazan por unanimidad: la edad marca fuertemente las posiciones.
El debate refleja la tensión central: el riesgo de discriminación y la paradoja de un permiso que no garantiza una buena crianza, frente a la idea de que una simple formación podría ser útil sin cerrar el acceso a la parentalidad.