El veredicto es claro: una amplia mayoría dice sí al boicot, sin ningún voto en contra. La indecisión es marginal.
La única fractura visible es de género: los hombres se dividen entre el sí y la indecisión, mientras las mujeres votan sí de forma unánime.
Dos registros dominan el debate: el simbólico (un gesto de solidaridad con las víctimas) y el político (participar legitimaría indirectamente a estos regímenes). No surgió ningún argumento contrario.