El veredicto es claro: una amplia mayoría cree en el talento, con las mujeres votando sí de forma unánime, mientras los hombres muestran más dudas.
La franja de 45 a 54 años es la excepción: dividida exactamente entre sí y no, es la única que cuestiona de verdad la existencia del talento.
Las voces convergen en una idea central: el talento no es un estado fijo, sino una aptitud natural que solo se revela con disciplina y el método de aprendizaje adecuado.