El mundo rechaza el tuteo generalizado: 70 % de noes frente al 20 % de síes, con un 10 % sin opinión.
Ambos géneros rechazan la idea en proporciones parecidas, pero no del mismo modo: entre los hombres, el rechazo va acompañado de una pequeña minoría favorable y de ninguna indecisión; entre las mujeres, nadie apoya el tuteo generalizado y el cuarto restante prefiere no pronunciarse.
La edad sí produce una excepción nítida. Los mayores de 65, los de 18 a 24 y los de 55 a 64 se niegan masivamente. Solo los de 25 a 34 bascular por completo al otro lado, y los de 45 a 54 se dividen en dos: el apoyo al tuteo se concentra en una sola generación.
El debate es unánime en su rechazo, pero nunca rechaza el tuteo en sí: rechaza su carácter universal. La regla que todos describen es la misma: familia, amigos, compañeros, sí; personas mayores, desconocidos, jerarquía, no.
Una voz ilustra el límite con una escena de trabajo: difícil soltarle un « ¿qué tal estás? » informal a la dirección. Otra lo enuncia en inglés como principio de cortesía: el tuteo puede parecer irrespetuoso o demasiado familiar según la situación, y adaptarse al contexto es respetar las preferencias de los demás.
La única voz abierta a la idea es también la más honesta sobre su coste: quizá deberíamos tutearnos para sentirnos más iguales, pero al principio resultaría extraño. El hilo no discute, pues, sobre buenos modales, sino sobre la distancia que una sola palabra permite mantener.