El mundo vota por suprimir las notas en la escuela: 60 % de síes frente al 40 % de noes, sin ningún indeciso. Una mayoría clara, aunque lejos de ser aplastante.
El género traza la línea más nítida: las mujeres son unánimemente favorables a la supresión, mientras que los hombres se dividen exactamente en dos. Los votantes sin género declarado se sitúan por completo del lado del rechazo.
La edad enfrenta dos extremos. Los de 18 a 24 años, los más cercanos a su escolaridad, votan unánimemente por la supresión; los mayores de 65 la rechazan con la misma unanimidad. En medio, los de 45 a 54 se reparten en dos mitades iguales.
Esta jornada no suscitó ninguna intervención: el debate quedó vacío, pese a un resultado realmente dividido. El veredicto descansa por tanto enteramente en el voto, sin argumentos que lo expliquen.
Es un caso interesante del formato: un tema que parece consenso dentro de una generación y lo contrario en otra, sin que nadie acuda a defender públicamente su postura. La brecha entre los de 18-24 y los mayores de 65 sigue siendo lo único que esta jornada nos enseña de verdad.