El veredicto es unánime: todos los votantes, sin distinción de género ni edad, consideran que hay que reducir el consumo de carne por el clima. No se observa ninguna fractura interna.
La tendencia no muestra ningún giro a lo largo del día, y el acuerdo es total entre hombres y mujeres, así como entre todos los grupos de edad registrados.
Las voces recurren sobre todo a argumentos prácticos y medioambientales: emisiones de metano, huella de carbono y un sentimiento de urgencia ligado a eventos climáticos recientes. Un argumento matiza el conjunto al señalar que el metano ganadero puede aprovecharse como combustible limpio.