Resultado sin oposición: el 75 % quiere prohibir las redes sociales a los menores de 15 años, el 25 % prefiere no pronunciarse y nadie vota en contra. Es una configuración rara: el bando del « no » quedó completamente vacío.
Las mujeres apoyan ampliamente la prohibición; los hombres se reparten entre el apoyo y la indecisión. Ningún perfil se opone.
La edad aporta el contraste del día: los mayores de 65, los de 25 a 34 y los de 45 a 54 están unánimemente a favor, mientras que los de 18 a 24 están íntegramente sin opinión. La generación más concernida es la única que se niega a decidir.
El debate es mucho más reservado que el voto, y procede precisamente de los indecisos. Su argumento principal es la eficacia: los jóvenes nacieron con estas plataformas, una prohibición se eludiría ampliamente y sería más sensato implantar una verificación fiable de la edad mediante un tercero de confianza, para que las plataformas adapten automáticamente sus funciones y protecciones.
Una segunda voz, también sin opinión, mantiene el equilibrio: los inconvenientes de las redes ya no hay que demostrarlos, pero sus ventajas también desaparecerían para los menores de 15 años, y la medida sería muy mal recibida por los afectados. Aboga por una regulación reforzada antes que por una prohibición seca.
El bando mayoritario se expresa brevemente: uno en tono de broma, proponiendo extender la prohibición mucho más allá de los adolescentes en nombre de la salud mental colectiva; el otro señalando simplemente que la ley acaba de aprobarse. La jornada enfrenta así menos dos posturas que dos registros: una convicción rápida frente a una objeción técnica.