Resultado en equilibrio: 45 % a favor de limitar la herencia, 45 % en contra y 9 % sin opinión. Ningún bando se impone en uno de los temas más divisivos del archivo.
Los hombres se dividen exactamente en dos. Las mujeres se inclinan por el rechazo aportando además una parte de la indecisión. El bloqueo es, pues, general y no lo sostiene un grupo concreto.
La edad, en cambio, casi no admite matices: los mayores de 65 y los de 45 a 54 años son unánimemente favorables al tope, los de 55 a 64 unánimemente contrarios y los de 18 a 24 se inclinan por el rechazo. El total mundial oculta así posturas individualmente muy firmes.
Es el hilo más dialogado del periodo, con varios intercambios que se responden. El bando favorable nunca apunta a los patrimonios corrientes: se dirige explícitamente a las grandes fortunas, señalando que incluso con un tope alto quedarían sumas que ningún heredero gastaría en toda una vida.
El argumento de la redistribución reaparece en todas partes, pero siempre con una condición: que el dinero se emplee después con inteligencia, en servicios públicos, vivienda estudiantil, medio ambiente. Dos voces añaden la misma reserva práctica: las grandes fortunas tienen medios para sortear el impuesto, y habría que acabar también con la corrupción para que la medida tuviera sentido.
El bando del rechazo se sostiene en un principio, formulado en inglés en el hilo: cada cual debería poder legar lo que quiera a quien quiera. La respuesta mejor acogida le opone la igualdad de oportunidades, ya que si todos legan libremente, siempre son los mismos los que se quedan arriba. Una voz sin opinión resume el atasco sosteniendo ambos extremos a la vez: reducir las desigualdades por un lado, respetar el patrimonio construido por el otro.