El veredicto es claro: ningún voto a favor, hombres y mujeres al 100% en contra en todos los tramos de edad, salvo los de 18-24 años, donde aparece algo de indecisión.
Dos rechazos dominan el debate: el riesgo de explotar la precariedad económica y la mercantilización del cuerpo. La donación debe seguir siendo un gesto gratuito, de lo contrario deja de serlo.
También emerge el temor a legitimar el tráfico de órganos, junto al reconocimiento de que los donantes prestan un servicio enorme. Una nota irónica sugiere que la tentación económica ya existe, lo que refuerza aún más el no.