El mundo rechaza la renta universal: 50 % de noes frente al 33 % de síes, con un 17 % sin opinión.
El rechazo es total entre los hombres, sin un solo voto favorable. Las mujeres también rechazan mayoritariamente la idea, aunque aportan la mayor parte del apoyo. La brecha de género afecta, pues, a la intensidad del rechazo, no a su sentido.
La edad enfrenta a los extremos: los de 45 a 54 años están unánimemente a favor, los mayores de 65 unánimemente en contra, y los de 18 a 24 más bien hostiles, con una reserva de indecisos.
El debate solo cuenta con voces del bando mayoritario, y todas exponen el mismo razonamiento en dos tiempos. Primero, el coste: la medida sería extremadamente cara y se traduciría en una fuerte subida de impuestos o de deuda pública.
Segundo, y es el argumento más interesante del hilo: entregar la misma suma a todos, incluidos los más acomodados, no es el mejor uso del dinero público; sería más eficaz dirigir las ayudas a quienes realmente las necesitan. La objeción no va contra la solidaridad, sino contra la universalidad.
Ninguna voz acudió a defender al tercio de votantes favorables. La jornada deja así una asimetría clara entre las urnas, donde el apoyo existe, y el hilo, donde no se expresa.