El mundo se niega a hacer obligatorio el servicio civil: 57 % de noes frente al 43 % de síes, sin ningún indeciso.
La brecha de género es total: los hombres votan por la obligación por unanimidad y las mujeres en contra con la misma unanimidad. Pocas jornadas del archivo presentan una oposición tan perfecta entre dos grupos.
Por edad, los de 45 a 54 años apoyan la obligación sin reservas, mientras que los de 25 a 34 la rechazan en bloque. Los de 18 a 24, los primeros afectados, se inclinan claramente por el rechazo, y los mayores de 65 se dividen en dos.
El debate se inclina del mismo lado que el voto y se apoya en una idea central: el voluntariado es la condición del compromiso. Los jóvenes están más motivados cuando se implican por decisión propia, y muchos ya tienen estudios, un trabajo u otras obligaciones.
La voz más respaldada añade un argumento de igualdad real: las condiciones para realizar un servicio civil no son iguales para todos, ya sea por movilidad, dinero o situación familiar, y el coste para el Estado sería elevado. La obligación crearía, pues, una carga desigualmente soportable.
El bando favorable tampoco defiende la coacción por sí misma. Su intervención destaca la mezcla social y la posibilidad de que los jóvenes se impliquen en un ámbito que les importe: medio ambiente, salud, solidaridad, acción humanitaria. El desacuerdo versa, por tanto, menos sobre el interés del dispositivo que sobre su carácter impuesto.