Unanimidad: el 100 % de los votantes considera que el arte es político. Ninguna contradicción, ninguna indecisión.
El consenso es idéntico entre hombres, mujeres y votantes sin género declarado, y cada franja de edad representada, de 18-24 a mayores de 65, llega al mismo veredicto. Ni el género ni la generación producen el menor matiz.
El debate confirma el voto, pero precisa su sentido, y ahí es donde se vuelve interesante. Nadie defiende que los artistas deban comprometerse: lo que se afirma es que toda obra refleja ideas, valores y una visión de la sociedad, y por tanto influye en el debate público, lo quiera o no.
La intervención más respaldada del hilo es también la más explícita: el arte defiende ideas sobre la sociedad y el poder, y algunos artistas lo usan para denunciar injusticias o apoyar una causa.
Una voz, en inglés, formula la misma tesis en su versión más amplia: toda obra puede reflejar una visión del mundo y pesar en el debate. Eso desplaza la cuestión de la intención del artista al efecto de la obra.
La contribución mejor fundamentada cita el Guernica de Picasso, 1984 de Orwell e Imagine de Lennon para concluir que el arte siempre ha sido político, incluso de forma sutil, y se congratula de ello: es un modo de defender los propios valores y de hacer circular ideas. En esta jornada el debate no sirve para zanjar, sino para explicitar qué quería decir la unanimidad.